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Cine Debate en El Transformador de Haedo: But I'm a cheerleader por Octavio Ciro Gali

Cine Debate en El Transformador de Haedo: But I'm a cheerleader 
por Octavio Ciro Galli

El cine debate no sólo es una herramienta de reflexión sino también de cambio y transformación, en la medida en que al compartir distintos puntos de vista en relación a un tema determinado, cada uno de los participantes se enriquece con los aportes de los demás.

Eso mismo ocurrió en el Centro Cultural El Transformador, de la ciudad de Haedo, el viernes 24 de junio, donde se proyectó la película “But I'm a cheerleader” (Pero soy una animadora, sería la traducción del título), primer largometraje dirigido por Jamie Rabbit y escrita por Brian Wayne Peterson.

El film narra, de manera satírica, la penosa realidad que aún hoy viven algunas personas homosexuales en muchos lugares del mundo. Natasha Lyonne encarna el papel de Megan Bloomfield, una adolescente de 17 años, cuya mayor pasión es ser porrista. Megan tiene un novio, padres muy religiosos y algunas amigas, quienes sospechan que ella es lesbiana por algunos indicios como ser vegetariana, que no le guste besar a su novio, tener fotos de chicas, y no de hombres, en su casillero. Así es como un día, todos ellos reunidos en su casa, le recomiendan internarse en una institución especializada en “curar” a gays y lesbianas, llamada True Directions (Caminos verdaderos, si se quiere). A pesar de que Megan defiende su heterosexualidad señalando “tengo buenas notas, voy a misa, soy una animadora”, allí se irá dando cuenta de que efectivamente le atraen las mujeres y, a lo largo del “tratamiento” irá enamorándose de una de sus compañeras, Graham, una universitaria, cuyos padres adinerados amenazan con desheredarla si no modifica su orientación sexual.

El programa de True Directions incluye que los participantes admitan su homosexualidad, que redescubran su identidad de género realizando tareas estereotipadas asociadas al género, que encuentren la raíz de su homosexualidad, que desmitifiquen al sexo opuesto y que simulen tener sexo heterosexual. Esto hace que la película no sólo sea una crítica hacia sectores homo/lesbofóbicos (principalmente, cristianos), sino también hacia la artificiosidad de la construcción de los roles femeninos y masculinos en el interior de la sociedad. Simbólicamente, la directora eligió para los escenarios y los vestuarios colores muy significativos en la cultura occidental para identificar lo femenino y lo masculino: el rosa y el celeste, respectivamente; además, las tareas que se les asigna a los jóvenes de True Directions están bien diferenciadas para hombres y mujeres: la limpieza del hogar y el cuidado de bebés para las chicas; la mecánica de autos y los deportes para los chicos. Es una película que explícitamente, pero con ironía, viene a romper los moldes de una sociedad aún atrasada en cuanto a la identidad de género y los roles que, imperativamente, cada uno de éstos debe cumplir en la sociedad patriarcal y capitalista en la que vivimos. Para sintetizarlo, podemos decir que lo que viene a criticar y desconstruir el film es la heteronormatividad.

Al finalizar la película, participamos de un debate más que interesante, cuyo eje principal fue la heterosexualidad obligatoria, y que contó con lesbianas, gays, bisexuales y heterosexuales, lo que lo hizo aún más rico. Hubo quienes criticaban el hecho “ponerse etiquetas” ante una sociedad que nos exige hacerlo, y quienes sostenían que, en definitiva, “etiquetarse” dentro una sexualidad es construir la propia identidad, por lo que es enriquecedor para uno mismo.

Otro tema que se abordó fue el de lo queer, no como una doctrina sino más bien como una actitud frente a la heteronormatividad. Y lo que se puso en cuestión fue si efectivamente una persona  heterosexual puede adoptar una actitud queer como forma de vida. Algunos lo consideraron contradictorio; otros en cambio, manifestaron que no necesariamente la orientación sexual de cada persona tenga que verse reflejada en su forma de vestirse, su comportamiento o su rol en la sociedad. Es decir, que no por amar o tener relaciones con una persona, sea ésta del sexo opuesto o no, tengamos que atenernos a seguir una serie de normas. Esto es importante para desmitificar algunas cuestiones que están prácticamente naturalizadas en nuestra cultura, como por ejemplo el hecho de que una mujer con gestualidad masculina sea lesbiana, o un hombre amanerado indefectiblemente sea homosexual. O el pensamiento que se tiene de que en una pareja compuesta por personas del mismo sexo uno cumpla el rol de “mujer” y otro el rol de “hombre” según quién  sea  más femenino o masculino. Son cuestiones que parecen no tener demasiada importancia, pero que en definitiva, hacen a una sociedad más libre de prejuicios, y por tanto, de discriminación.

También, se tocaron temas como la manera en que los medios de comunicación en general presentan al lesbianismo, y cómo la bisexualidad masculina no es del todo aceptada (“si ya estuviste con un hombre sos gay” se dice), y en cambio la bisexualidad femenina es reconocida porque la mujer aún puede cumplir con el rol que el patriarcado tiene para ella: esposa, madre y ama de casa.

Todas estas son cuestiones que aún deben tener cierta consistencia, para que tanto la comunidad LGTTBI como la sociedad en general, entienda qué es lo que debemos transformar en pos de una sociedad realmente igualitaria. Y eventos como éste son, definitivamente, un buen lugar para plantear y consolidar un verdadero cambio cultural.

Octavio Ciro Galli

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