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A proposito de la novela "Tres Noches" de Rubén Mettini por Wenceslao Maldonado


RECORDAR
para que la vida siga
“Recuerda, cuerpo...” (Constantino Kavafis)

A propósito de la novela de Rubén Mettini TRES NOCHES

Ganadora del XI Premio Odisea (2009)
 Mettini Vilas, Rubén. Tres noches. Barcelona, Odisea Editorial S 21, 2009. 217 páginas.

Texto: Colaboración especial de


I.- LA CONSTRUCCIÓN DEL RELATO

(1) Dos partes, dos voces
·         La novela tiene dos partes que, aparentemente, podrían parecer no tan diferenciadas. Se supondría que, como en cualquier obra con unidad, los tres “capítulos”, por clasificarlos de alguna manera, que se abren con PRIMERA NOCHE, cada uno con epígrafes de textos orientales, y que dan el nombre a la novela, son el “cuerpo” de la obra, seguidos de un final, o cierre, llamado “epílogo”, que tendría menos entidad, como suele ocurrir en la mayoría de los casos.
·         Sin embargo, el autor ha tenido la precaución de especificar que estamos ante un LARGO EPÍLOGO. Y el lector advertirá, sin demasiado trabajo previo y abordando sólo la lectura, que ese “largo epílogo” es la mitad del libro. En efecto, y por fidelidad numérica al cuidadoso equilibrio de Mettini, las tres noches reúnen 106 páginas y el largo epílogo 101.
·         Más allá de este equilibro de volúmenes, los mismos textos de las noches y del epílogo se diferencian. El primero lo llamaremos “el diario de Lucas” (págs. 207 y 209), utilizando el nombre que se lee en la segunda parte. Lucas, un hombre de 70 años, golpeado diez años atrás por la muerte de su pareja Emilio, intenta recordar, ya que parece que el dolor y el paso del tiempo han ido borrando las huellas de la memoria en su vida.
·         Las tres noches son algo así como un “ritual”, según lo define desde el principio el mismo Lucas, que tiene “normas”, como le recuerda el mismo Sebastián desde el primer momento: “Pero respeta las normas, ya los sabes.” (pág. 11). Sabemos que pasará esas tres noches junto a un muchacho dormido, Alex. Su nombre aparece en el primer renglón. El nombre de la voz que narra, Lucas, recién lo sabremos mucho más adelante (pág. 31), al recordar aquella escena en la que se encontró con Emilio, su pareja, por vez primera. Mientras tanto, allí está el protagonista que se ha quedado sólo ante ese bello joven dormido. Sabe que se llama Álex: “Con un nombre un cuerpo deja de ser un cuerpo. Se vuelve una persona” (pág. 16).
·         Ésta es la médula del ritual nocturno, a través del cuerpo llegar a las personas, a los recuerdos de las personas, ya que el cuerpo recuerda... Y se evoca, por eso, el famoso poema de Constantino Kavafis de 1918: “Recuerda, cuerpo, no sólo cuánto se te amó...”  que Lucas cita completo (págs. 20-21), y el mismo Sebastián lo va a corroborar más tarde en su epílogo: “El cuerpo recuerda y puede reconstruir un clima... El poema de Kavafis lo dice: Recuerda, cuerpo.” (pág. 196).
·         Precisamente ese Largo Epílogo, que consideramos la segunda parte de la obra, lo tiene a Sebastián como protagonista. Y él corrobora, como dijimos, o corrige o completa la versión que Lucas había dado en su diario de las Tres noches. Desde el principio esta segunda voz de la novela aclara: “El posible lector quiere que todo esté explicado, que todo quede cerrado.” (pág. 120) Y es cierto que quien aborde la novela encontrará en este epílogo las explicaciones que pueden haber quedado sueltas: ¿qué era ese ritual? ¿quién era Álex? ¿por qué dormía? ¿cuáles eran las consignas secretas entre Lucas y Sebastián? Dosis de misterio que suele ser una estrategia narrativa.
·         En el caso de este nuevo protagonista, que ya se nos presenta de entrada: “Soy la Celestina. La mediadora. La alcahueta. El proxeneta. Soy Sebastián.” (pág. 119), hay mucho más que una mera explicación del misterio, una respuesta a las preguntas pendientes o un desenlace de la historia. Aquí hay otra historia, un segundo relato que, si bien tiene su apoyatura en las tres noches de Lucas, narra con el estilo desmañado y antipoético de Sebastián, las alternativas de una narración que es perfectamente complementaria a la vida de Lucas, a pesar de los aparentes antagonismos burlescos con que la sazona este otro protagonista. Al hablar más adelante de los ejes temáticos tanto del diario de Lucas como del epílogo de Sebastián, advertiremos mejor este sentido de las dos historias diversas pero complementarias.

(2) Complementariedad de la doble perspectiva
·         Me quiero referir, antes que nada, al recurso concreto de las dos perspectivas complementarias que llenan todo el ensamblado de esta novela como forma del relato. Sin duda que el autor ha querido que sea uno de sus instrumentos de trabajo más vistosos, ya que hace a la arquitectura de la obra. La doble perspectiva complementaria ofrece una sorprendente variedad estilística en los tonos de voz, como analizaré más adelante, porque la considero una característica original del libro. Crea, al mismo tiempo, una tensión dinamizadora, que mueve el relato, un relato en el que todo parece suceder, en un primer momento, sólo en el interior del protagonista Lucas, en sus recuerdos más profundos. La complementariedad nos dice también que no hay una sola manera de mirar la cuestión gay, como no hay un único modo de ver la vida. Se muestra así una diversidad armónica.
·         Esta forma complementaria de construir el relato a partir de una dualidad, impregna toda la obra, en su misma esencia, no solamente en la contrapartida de sus dos grandes partes, el diario y el epílogo. Esa diferencia complementaria existe primero entre los dos protagonistas, Lucas y Sebastián; pero se da también entre el viejo y el joven, Lucas y Álex, encuentro ritual entre el muchacho de unos 25 años y el hombre grande de 70; así lo afirma explícitamente el protagonista en la tercera noche: “Vejez y juventud que por fin se han unido en un abrazo vivificador.”(pág. 112). Diferencia y complementariedad que Sebastián también explica: “Un amor con un abismo de 45 años, un amor entre un viejo y un joven. Un amor que ayuda al otro porque se ayuda a sí mismo.” (pág. 206)
·         Y hay algo más que la complementariedad de los personajes o de las edades; y es la diferencia de los afectos y la diferencia en las maneras de ser. Con respecto a los afectos, escribe Lucas en la segunda noche: “Ahora entiendo que los afectos y amores son buenos cuando se dan por complementariedad.” (pág. 64) A eso Lucas suma su manera más bien apocada de ser, siempre tímido ante los otros, más contemplativo que activo ante la vida, por lo que se llevó muy bien con amores y amistades que fueron emprendedores y decididos a diferencia de él. Fue el caso de Emilio, aunque ante el anuncio de que es seropositivo y, más tarde, con su muerte, vuelve Lucas a la conciencia en carne viva de que, por más que dos lleguen a la unidad más profunda, no pierden nunca su identidad: “Esos dos que son uno siguen siendo dos.” (pág. 23)  
Wenceslao Maldonado - Ruben Mettini


(3) La pauta de los números
·         Dos son las partes, dos las voces y lo protagonistas, tres las noches, tres los personajes que aparecen en escena. Pero más allá de estos números básicos que arman el proyecto de la historia, hay una permanente danza de números, tanto a lo largo del diario de las tres noches como en el epílogo. En primer lugar me llama la atención el esfuerzo por marcar el tiempo transcurrido. Hace 10 años que falleció Emilio, cuando Lucas realiza su prueba de las tres noches; 20 años habían vivido ambos en pareja. Sebastián marcará también sus tiempos, sobre todo, desde que le fuera entregado el diario y dejó pasar 1 año.
·         Importancia tienen las edades; en el caso de Lucas, sus 70 años, porque marcan una etapa de limitaciones psicofísicas que se hacen sentir. Los 25 años de Álex son también todo un símbolo; muestran la juventud que siempre se propone como paradigma de belleza, como si allí se debieran concentrar amores, deseos y felicidad casi en forma exclusiva.
·         Los recuerdos de Lucas, además, se van dando por orden hacia atrás. A los 40 años conoció a Emilio que tenía 35. Recuerda que tenía 25 cuando tuvo su experiencia en la estación del Clot. A los 20 se había acostado con Carmeta. Conoció a Miguel Ángel estudiando enfermería y tenía 15. A los 13 abre los ojos a la sexualidad, espiando a su primo José Mari, con el que vivía. Y los recuerdos estremecedores, contados con la frágil imagen de los recuerdos de 4 y 2 años, último abrazo del padre, último beso de la madre. Sebastián no deja, a su vez, de considerar lo que le pasó a sus 25 años, y cómo se considera ahora a los 55 (cfr. págs. 124 – 125).
·         Es innegable, con el recuento prolijo que quisimos hacer, prolijidad que pertenece básicamente al autor mismo, que estos números dan un registro del tiempo transcurrido, y tiene que ver con el esfuerzo de un hombre de 70 por recuperar su memoria como manera de seguir viviendo, como contacto con la felicidad de no perder la propia identidad. Esta perspectiva temporal, se da, también, con la perspectiva histórica de los hechos. Por eso que en el cuidadoso registro de números, aparecen con relieve propio los años calendario. El “comienzo de la pérdida” de Emilio (pág. 46), Lucas lo apunta en 1997. Sebastián recuerda su relación con Emilio y Lucas en los años 70. De esa época eran las marchas en las que participaban los dos. En la década anterior, en los 60, aparecían las noticias inquietantes de homosexuales que habían sido detenidos. Creo, ya que hemos hablado de complementariedad, que también aquí edad y época se encuentran y se complementan, proporcionando las circunstancias del relato.

II.- EJES TEMÁTICOS DE LA NOVELA

(1) Memoria del cuerpo, memoria de los afectos

·         Ya señalé la importancia del poema de Kavafis: “Recuerda, cuerpo...” Se me ocurre que esta lectura que Lucas hace, tomando el libro que encuentra en un estante de la habitación y abriéndolo al azar, “si es que hay azar”, es la motivación poética de la memoria del cuerpo. “Leo poco a poco los versos que parece que hablaran de mí” (pág. 20), atina a comentar el protagonista. El poema se transforma así en la explicación estética de lo que va a suceder, nivel de poesía se da, como rasgo de estilo, en todo el diario de las tres noches.
·         Pero además del impulso que le da el poeta, hay una motivación corporal que le proporcionará el contacto con Alex, mientras éste duerme. Lucas va describiendo paso a paso la memoria de su cuerpo: “De la fuerza de sus manos, y se trata de las manos de Alex, paso a otras manos que estrecharon así las mías” (pág. 23), es decir, las manos de Emilio que se aferran a las suyas en los últimos momentos de vida. Y así va sucediendo con las diversas posturas, caricias y besos que se suceden cada noche, provocando el rescate de los recuerdos. “Este contacto de dos noches borró la insidiosa melancolía de diez años” (págs. 68 – 69), afirma en su segundo encuentro nocturno con el muchacho. Y a la tercera noche: “Ahora sé que Álex en silencio, sin darse cuenta, me va regalando mis recuerdos.” (pág. 85).
·         Después de evocar los recuerdos de su despertar sexual Lucas concluye: “Tengo la cabeza fatigada. En estos días ha trabajado más que mi cuerpo. O simplemente su cuerpo ha emitido una especie de fluido al mío que ha accionado todas las palancas del recuerdo. Los recuerdos de una vida  pautada por el deseo. Esos instantes donde el deseo se hizo dueño, amo de mi cuerpo.” (pág. 77). Es decir, él ha ido recuperando, con el recuerdo de los hechos más significativos, la memoria de los afectos y deseos que esos mismos acontecimientos encerraban. Y con ellos, aquellas personas que amó y que lo amaron. Fuerte es el límite de los recuerdos, a partir del abrazo y del llanto, que lo llevan a la figura del padre, “un padre que abraza a un niño de cuatro años...”, último abrazo (pág. 105); y último beso de la madre, “... no consigo recuperar la cara de mi madre. Se perdió para siempre.” (pág. 110), estremecedora comprobación del extremo final o inicial de todo recuerdo.

(2) Fidelidad de la pareja
·         Confesión de Lucas: “Yo era fiel, porque la infidelidad ni pasaba por mi cabeza.” (pág. 42). Y el comentario de Sebastián: “El hilo de Ariadna es la fidelidad.” (pág. 132), refiriéndose a esa manera de ser en la pareja de sus amigos Lucas y Emilio, a quienes adoptó como “padres sustitutos” (pág. 131). Sebastián respeta esa fidelidad, pero se proclama “alérgico a cualquier intento de pareja...” (pág. 121). No sólo, sino que le parece que la fidelidad no es más que una exigencia absurda de la unión, también absurda, de pareja: “La verdaderamente contranatura es la unión de dos mamíferos machos en una relación que exige fidelidad o algo así...” (pág. 123). Y burlonamente habla del “virus de la pareja” (pág. 213), mientras cierra su comentario del epílogo con constancia escrita: “No, no, jamás el virus de la pareja me atacará” (pág. 217).
·         Señalé esa dualidad complementaria de los dos personajes con sus dos escritos, Lucas y Sebastián, que en este punto parece, más que nada, una contradicción absoluta. El primero probará, también con  dolor, que la infidelidad puede ser un realidad tangible en la vida de su propia pareja. De hecho, asoma esa posibilidad cuando recibe una llamada para Emilio de otro hombre, Massimo, un italiano de Roma, que lo pone en explicaciones contradictorias. Pero la conclusión de Lucas es contundente: “... pero mi vida se basó en la fidelidad. ¡Qué antiguo y qué absurdo que suena esto!” (pág. 47).          

(3) Fidelidad de la amistad
·         El eje temático de la fidelidad de la pareja, parecería complementarse a la perfección con el tema de la fidelidad en la amistad. Y viene justo de Sebastián, el gran descreído de la pareja. “He sido infinitamente traidor con mis amantes, pero pocas, muy pocas veces he traicionado a los amigos.” (pág. 149). Y a medida que corre su texto del epílogo, va creciendo también el tono de su sentido de fidelidad a la amistad: “Por los amigos, cualquier cosa. No es una obligación. Es un deber...” (pág. 171). El lector entenderá, entonces, toda la fuerza que tiene, en ese sentido, esta segunda parte de la obra, más allá de lo que se pueda develar como misterio de las tres noches de Lucas. Por él, por Lucas y por Álex también, llegará a decir: “Exigía en mí una fidelidad que yo nunca había tenido por un amante. Él se lo merecía todo.” (pág. 166). Y debe terminar por reconocer: “Además yo había unido a dos fieles, no de un culto esotérico. Hablo de la fidelidad. Hombres raros, seres extraños...” (pág. 202).

III.- OPCIONES ORIGINALES DEL AUTOR

(1) Un protagonista de 70 años

·         En una época en que lo que más vende, sobre todo en los circuitos de los gays, es la belleza de los jóvenes, con sus cuerpos perfectos, modelados, de gimnasio, podría ser un riesgo de marketing poner como protagonista a un hombre de 70 años. “A mi edad se va enfriando todo. Las sensaciones desaparecen de la piel y se van hacia arriba, hacia la cabeza. Esas sensaciones solamente sirven para generar recuerdos.” (pág. 58 – 59). La lucidez que tiene Lucas de sí mismo, al mirarse al espejo y verse como lo vería Álex o, en todo caso, como lo había visto Emilio: “Hay algo de interesante en mí que quiero defender, a pesar de la edad.” (pág. 15); esa capacidad, también, de registrar la sensación de reconocerse un “silver daddy” (pág. 58), son la nota de originalidad más fuerte de la novela de Mettini, a mi juicio. No es entonces, una novela sobre peripecias sexuales, sino más bien el recorrido de los recuerdos que hicieron madurar la identidad sexual de este hombre. Más que el sexo, importará la gestualidad del viejo, una caricia, un abrazo, un beso. “Y me siento feliz. La caricia no conoce edades”. (pág. 27).
·         Es cierto que el protagonista marca también sus modalidades de viejo que lo distancian de un joven. En el cuarto, ante Alex, Lucas recorre con la mirada el ambiente. “Espío los libros, la butaca con mi ropa bien doblada, como hacemos los viejos. La de Álex la he visto al salir del baño. Camiseta, tejanos y bambas, todo hecho un revoltijo al pie de la cama, de su lado.” (p. 70) Detalle revelador de las diferencias que, más allá de las diferencias físicas que se van marcando, “los años  luego van poniendo pliegues, arrugas, flacidez...” (pág. 89), siembran sobre todo el camino de un viejo de recuerdos, que un joven no puede tener, pero que son parte de la vida del hombre mayor. “Caprichos de un viejo que quiere aferrarse a lo que fue para seguir viviendo.” (págs. 85 – 86).

(2) El tono ajustado de las voces
·         Sí, sin duda, la voz de Lucas es la voz de un viejo. Pero también es la voz de un hombre sensible que, según puede verse en su diario, nos habla con un tono intimista, contenido, sin excesivos desbordes de sentimentalismo. Sensible con la naturaleza, ya que el mar y el cielo de esas noches le crean un marco de belleza natural al encuentro con la belleza durmiente del muchacho. La tormenta de la tercera noche, descrita con verdadera fuerza poética, prepara la llegada de los dos recuerdos más fuertes, el de su padre y el de su madre. Se larga la lluvia y Lucas se queda en el balcón. “La cortina de dardos húmedos llega torcida por el viento. Son latigazos sobre mi cuerpo. Sujeto a la baranda me expongo. El agua corre por la piel.” (pág. 101).
·         Completamente diferente es el tono desbordado, por momentos contradictorio e irónico de Sebastián, que se presenta de primer intento, como ya señalamos, con los calificativos algo exóticos de proxeneta, mediadora, alcahueta y Celestina. Su discurso se desarrolla en forma desordenada. Cada tanto reconoce: “Me voy por lo cerros de Úbeda.” (pág. 140). El estilo de cada uno de los dos escritos, el diario de Lucas y el epílogo de Sebastián, ilustran las diferencias en las maneras de ser. “Lucas era incapaz de hacer una crítica de alguien. Estaba en mis antípodas. Si yo lanzaba diatribas contra algún amante, él miraba las cosas con otra perspectiva. Me escuchaba, analizaba y me aconsejaba” (pág. 130). Y definiéndose en forma gráfica: “Lucas era un hipocampo y yo una cabra.” (pág. 131).  

(3) Ser gay en situación histórica
·         Sebastián nos indica en qué año escribe su epílogo. “Estamos en el 2008.” (pág. 132). Sintetiza muy bien cómo se vive en estos tiempos en los que los contactos con otros gays son algo particulares: “En los últimos años uno se ha vuelto el príncipe de la red y se relaciona con gente de quien sólo ha visto tres fotos, ha intercambiado cuatro correos electrónicos y ha charlado dos veces por teléfono.” (pág. 183). Y expresa en forma taxativa que no le interesan esos chicos de 20 que escriben con lenguaje críptico: “Kuant tiemp, Sebasti? Ace mux k no xarlams.” (págs. 186), y no tienen idea siquiera de quiénes eran Visconti o Truffaut, cigarros o bombones rellenos...
·         Los recuerdos de Lucas están relacionados todos, cuidadosamente, con los acontecimientos de su época. Del tiempo anterior a su encuentro con Emilio, escribe: “La ciudad en esa época era un desierto para un gay.” (pág. 38). Después nos cuenta cómo todo alrededor de 1978 fue cambiando. Iban a manifestaciones por las Ramblas. “Para nosotros salir a las calles era tan solo una forma de afirmarnos. Como si dijéramos ‘estamos aquí, un respeto’.”  (pág. 39 – 40). Y yendo todavía más atrás, en sus recuerdos de la primera búsqueda de un hombre, en el año 1963, después de enterarse que la policía había detenido a un grupo de homosexuales en un bar del barrio Chino, se va a la estación del Clot. “Sentí que se me hundían todos los años de represión en la boca del desconocido. Sepultaba los 25 años de virginidad obligada.” (pág. 54).
·         Es buena esta perspectiva histórica para entender que todo no comienza hoy y que aún hay mucho por hacer. Es bueno comprender lo padecido en una sociedad represora que no entendía y que todavía no entiende del todo. “Cuántos años perdidos masticando la culpa, el pecado.” (pág. 52). Es bueno recordar que en aquellos tiempos, de hace cuarenta o cincuenta años atrás, “... las discotecas gays, los saunas y las páginas de contacto no se habían inventado. Ni siquiera existía el teléfono móvil para buscar un número erótico.” (pág. 53). Es que también es bueno tener en cuenta que las personas que vivieron en aquella época, es decir, que hoy tienen más de 60 o 70 años, tienen derecho a sus recuerdos para seguir viviendo y para ser felices también hoy.   


WENCESLAO MALDONADO
 nació en Buenos Aires en 1940. Estudió teología en la UPS (Roma) y letras en la UCA (Buenos Aires) y en la Università degli Studi (Trieste). Se jubiló como docente de griego clásico y literatura italiana. Actualmente es Secretario General de la SEA (Sociedad de Escritoras y Escritores de la Argentina).
Publicó diez libros de poesía: La estación necesaria (Biblos, 1990), El hombre herido (Alicia Gallegos Editora, 1994), Tierra intranquila (A.Gallegos, 1994), Dioses del deseo antiguo (Libretas del Rojas, 1995; 2° premio Concurso “Centenario”, Sociedad Italiana XX Setiembre, 1994), Si cortarle la cabeza a la Gorgona (Último Reino, 1997; 1er. premio XIX Encuentro Patagónico de Escritores, Pto. Madryn, 1996), Ceremonial de una familia oscura (Elefante en el bazar, 1997; finalista concurso “Ramón Plaza”, 1996). En los últimos años fueron editadas las libretas Paraíso desechado y Paternidad de sombra (Epifanía, 2006) y Manual de Osos Prácticos (Simposio, 2008). Sus últimos trabajo son una libreta despedida de la actividad docente: Zureo (Epifanía, 2008) y La Proctomaquia o el Cantar de los Culos (Editorial Simposio, 2008).
Ganó el Primer Premio “Iniciación en Prosa”, bienio 1992-1993, de la Secretaría de Cultura de la Nación, por el libro de cuentos Arquitectura Gótica (Tridente, 1999). En 2004 apareció su segundo libro de narrativa, Fronteras (Epifanía).
En teatro fue finalista del Concurso de Teatro Breve “Fray Mocho 1997” con la obra La historia del cliptodonte (estreno noviembre 1997) e integró el grupo ZEUS TEATRO, con Marcelo Gamarra y dirigido por Sergio Chiocca, que presentó en varias temporadas entre 1998 y 2000 La Musa de los muchachos, presentación irreverente de poemas eróticos griegos, con dramatización del mismo Maldonado. 
En la página web de AYESHALIBROS se encuentran Entre Afrodita y Eros. Deseo, amor y sexo en la poesía de Grecia (Antología anotada) y La “Proctomaquia” o el Cantar de los Culos (Poema épico paródico, EDITORIAL SIMPOSIO, 2008).
Este texto fue tomado del sitio web oficial del autor, al que podes acceder siguiendo este Link







 *Tanto el libro "Tres noches" como los diversos libros de Wenceslao Maldonado se encuentran disponible para consulta en la Biblioteca LGTTBI "Oscar Hermes Villordo"


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