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La oración de los ateos de Pietro Salemme

La oración de los ateos de Pietro Salemme


He devorado los oscuros rincones

de donde pastan en soledad

los rinocerontes sin familia.

Caminé atónito el valle oblicuo

de la penuria sangrante

obsequiando ramitos sin color

a los transeúntes

que no me miraban.

Rabioso se me pone el destino

como un naipe esotérico

volando por los pasillos

del que un día fui.

Celebro, con las betas de la madera,

la carnecita de bronce

que bebe de mis ansias

la letanía.

Risa, crepúsculo del degollado;

la misa ya termina,

no hay cause en esta rama de letras.

Las luces del Otoño,

el Invierno desmedido en que nos fuimos.

Otra vez solos,

del mismo modo en que nos parieron.

No puedo ir como si nada,

ni ser el rumiante de los recuerdos

que danza sobre la muerte

de la cofia envenenada.

Cautela que ya no me trae

el viento de donde vengo.

Dios es otro más en la lista,

irán cayendo de a uno

como panecillos en la panera del Diablo.

Te nombro, en mil idiomas diferentes;

nombrando al ocaso del fallecimiento,

al respiro anhelado del que se asfixió,

al penoso acoplamiento del sinsabor pagano.

Te nombro,

embebido en pieles que raspan,

como un huracán

sobre el apacible río

de nuestro último desgarro.

(Virgencita de las Cuevas!,

Vigila a los lobos

como a tu hijo sin pecado; 

y en el culminante parpadeo,

cuando los ojos se escapan

a ver otros cielos;

pon sobre mi frío el calor

de tu espuma dorada

nacidas en noches de Diciembre.

Acá camina mi duda,

mientras tanto,

manca de interrogantes y agravios

va desnuda

como el angelito

que me ayudó a cruzar la calle

la tarde que nos destrozamos las viditas

de la inocencia tratada a los golpes

como un martillo en la boca del niño.

Y cuando sueñe, del mar sus estrellas;

y del infinito sus límites,

ya no caminaré insomne de dardos

despierto de nubes...

Seré sólo, y quizá, ese deseo no pronunciado

de una madre

que dará a luz.

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