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La Sangrienta (Erzsébet Báthory) por Pietro Salemme

El siguiente texto del cual presento dos versiones es parte de la obra teatral Palabra Desgarrada estrenada en 2002. "Palabra Desgarrada" estaba inspirada en la figura y las imágenes de Alejandra Pizarnik. 
La Sangrienta es mi lectura de la Condesa Erzsébet (Elísabeth o Elizabeth) Báthory



“...Si el acto sexual implica una suerte de muerte,
Erzébet Báthory necesitaba  de la muerte visible,
elemental, grosera, para poder, a su vez,
morir de esa muerte figurada que viene a ser el orgasmo.
Pero, ¿quién es la Muerte? Es la dama que asola y agita
cómo y donde quiere. Sí, y además es una definición posible de
la condesa Báthory. Nunca nadie no quiso de tal modo envejecer,
esto es: morir. Por eso, tal vez, representaba y encarnaba a la Muerte.
Porque, ¿cómo ha de morir la Muerte?...”

La Fuerza de un Nombre”, Alejandra Pizarnik, “La Condesa Sangrienta


“... no será un estilete lo que dibuje tu geografía...”
“Siete Luna de Sangre – La Condesa Erzsébet Báthory”, Carlos D. Pérez

Topia Editorial,1999


“... Doble encierro ese de encontrarse con falsas salidas y de contemplarse,
solitario, una y otra vez en los espejos. Asé es la melancolía. Y así
sucede también con otros padeceres del alma...”
“Bathory, Acercamiento al Mito de la Condesa Sangriente”, Isabel Monzón,
Feminaria Editora, Buenos Aires, 1994


La Sangrienta

(Monologo del texto “Palabra Desgarrada” de Pietro Salemme)

Malditas madres malditos padres...Me parieron hembra en un siglo equivocado, quiso la feria de muertos verme enredada entre arterias, entrañas y cuerpos desmembrados. Mi matriz ultrajada arrojó vástagos inmundos, nunca fueron solicitados. Y allá van, a rodar por un siglo de fuego negro, las niñas continuarán condenadas a ser bellas, el varón será otro usurero entre senos turgentes.
Mi útero resultó demasiado húmedo, demasiado ingrato. Con horror me encontré abriendo las piernas, forzando mis caderas. Mi cuerpo, deformado por las crías. Inmundo macho desgarrándome el himen con su demoníaca palanca de carne recia y desfigurada. Pero muerto el macho renace la hembra que invade, la Eva envenenada cabalgando la noche como una amazona en los volcanes de melancolía. Soy la Condesa de este palacio seco de semen, atestado de hembras...
Venid a mi cuerpo como águilas voraces, desfigurad cada arruga haciéndola tersura y deseo.
Traedme niñas y jovenzuelas, quiero verlas desnudas ante mi cuerpo, quiero morirlas con solo mirarlas. ¡Arrancadles las uñas! ¡Ordeñadles los pechos! ¡Preparadme un baño con su sangre!
He tenido mi jardín de niñas muertas, muertas antes de que ningún macho posara siquiera su detestable instinto sobre ellas.
Fui la voraz nodriza de las niñas mal cuidadas, la gobernanta del reino de las destripadas...
¡Odiosas madres!, os aseguro aprendizaje para vuestra cría abundante. ¡Odiosos padres, ya no serán ustedes los que espíen a sus niñas desnudas!
Esta es mi hora nefasta. Mi sótano convertido en celda, inquisidores profanando mis cuevas, emparedándome... ¡Tapien las ventanas, que me mueran de hambre! No sufriré el encierro, la prisión ha sido siempre este cuerpo envejeciendo.
En este encierro haré el amor con mi muñeca de hierro, me sacudiré entre sus piernas, revuelta enloquecida, procaz como las palabras mal pronunciadas. ¡Libre!.
Guardad su esperma enviciado, machos de la abortiva creación. Ni Cristos ni Diablos vendrán a penetrarlos con la baratija de la fe. Al fin, serán también, cadáveres agusanados, ojos redondos de pus, uñas crecidas bajo la tierra...
Yo seré nombrada la Sangrienta, la que llegó para no ser olvidada, la hermosa hembra que tomó por sorpresa el harem, la mas puta y lesbiana de todas las mujeres. Y a ustedes los llamaran sementales, cristianos, buenos reproductores, ¡machos!, pero nunca serán hombres.




La Sangrienta

(Texto original completo)

Malditas madres malditos padres
Queda el vientre sosegado y el empañado espejo de mi mirada donde cosieron los castigos uno por uno por cada pecado.
Me parieron hembra en un siglo equivocado, quiso la feria de muertos verme enredara entre arterias, entrañas y cuerpos desmembrados. ¿Y quienes son ustedes? Mi matriz ultrajada arrojó vástagos inmundos, nunca fueron solicitados. Y allá van, a rodar por un siglo de fuego negro, las niñas continuarán con mi condena, el varón será otro usurero entre senos turgentes de mujeres hermosas.
Verted la sangre sobre mi cuerpo sediento. Soy la rosa blanca que quiere volverse morada, coagular la tinta carmesí en sus pétalos y sudar por las espinas el rojo de los hímenes sanos. Vengan a mi cuerpo como águilas voraces y desfiguren cada arruga haciendo de ella tersura y deseo. Pues no queda en mi espíritu más gala que una pasión muerta entre los oxidados cascabeles de las serpientes del paraíso. Soy la Eva envenenada. La sacrílega ilusa de la corte sangrienta. La voraz nodriza de las niñas mal cuidadas. Soy la alegoría del infierno. La ninfa de este castillo lujurioso de flujo y sábanas hediondas. La adoratriz de la belleza, la juventud y la eternidad infinita que busco se pose sobre mis carnes funestas. Soy la Condesa de este palacio seco de semen. Puro de hembras marcadas por el rigor de la feminidad. La insulsa especie de las mujeres se desdobla en mi espejo y derriba los mandatos solemnes. Traedme niñas y jovenzuelas, quiero verlas desnudas ante mi, quiero morirlas con solo mirarlas, penetrarlas con los hierros ardientes, ardidos como mi sexo insano. Venid con  sus hijas, madres odiosas, yo os aseguro un buen aprendizaje para vuestra cría abundante. Les pondré los mejores vestidos tan solo para que sientan la belleza del paño acariciar sus pieles tiernas antes de ser desvencijadas. ¡Darvuila, Dorkó, Ilona!, ¡traed carne a la Condesa!, ¡traed suaves doncellas!, ¡traed sangre bien fresca que mi sed no ha de apagarse todavía! Y después que me empareden en mis cuevas, que tapien las ventanas, que me mueran de hambre. Que envenenen mis sopas. Que rompan mi espejo, igual tendré donde reflejarme. Juntad los ojos de las adolescentes, en ellos encontrarán la mas bella y perfecta imagen que nunca jamás hayan visto, pues es a mí a quien vieron instantes antes de sucumbir sequitas de sangre. Las vaciaré una a una, como vasijas de barro al sol de la cúpula.
Mi útero resultó demasiado húmedo, demasiado ingrato. La condena me vio abriendo las piernas, forzando mis caderas. Mi cuerpo deformándose por las crías gestadas en mi interior. Abominables criaturas martirizando mi ser. Inmundo macho desgarrando mi himen con su demoníaca palanca de carne recia y desfigurada. Pero muerto el macho renace la hembra que invade. La Eva febril y avasallante cabalgando la noche como una amazona en los volcanes de la melancolía. Vencer o caer hasta el último de los tormentos bovédicos. Vencer o convertirse en la triste perra del harem del Señor. Ser la puta del vestido manchado con sangre. La hembra entre las hembras. La dueña del universo de las señoras putas. La gobernanta del reino de las destripadas. La sepulturera laboriosa absorbiendo los aromas cadavéricos del jardín. Quiero un campo de niñas muertas, y las quiero muertas antes de que ningún macho pose siquiera su detestable instinto sobre ellas. Las quiero puras, intactas y con el clítoris casto, brillante como las piedras de la torre, como los frutos del bosque, como la manzana del árbol del bien y del mal. Alabadme. Venid a gozar de mi belleza antes de sucumbir en ella. Entregadme vuestro zumo. Y desnudarlas, aguardaré despierta noche y día hasta verlas sangrar por primera vez. Seré la bebedora oficial de la primera menstruación de cada una de las pequeñas. Después degollarlas sobre mi pecho, arrancarles las uñas. Ordeñarles los pechos hasta dejarles secas la venas y rancias las encías. Besaré sus bocas antes de sepultarlas y masticaré sus labios hasta devorarlos, de ese modo nunca me abandonaran y siempre estarán conmigo, mías. Solo mías.
Mueran por mí. Mueran en mi nombre. Yo ya tendré mi hora nefasta. Ya se encargarán los machos inquisidores de blandir mis propias armas contra mí. No sufriré el encierro, si ya estoy tras las rejas de un cuerpo que envejece diariamente, a cada vil momento, ante cada cruel cambio de clima. Guarden su esperma enviciado, machos de la abortiva creación. Ni Cristos ni Diablos vendrán a penetrarlos con la baratija de la fe. Colmaos con vuestra propia ingratitud hacia la raza y perforad sus propias profecías con la espada de la invisible tiranía con que acribillan la vida, la belleza. Mi eterno amor. Mi eterno amor torturado. Mi eterno nombre. Mi nombre. Mi bello nombre. Serán también, al fin y al cabo, cadáveres agusanados, hormigueros podridos, ojos redondos de pus, venas detenidas, uñas crecidas bajo la tierra, cabellos enlodados. Igual que yo.
Más cuando llegue la oscuridad, y sea mi sótano una celda, y mi castillo usurpado, haré el amor con mi muñeca de hierro, como nunca me sacudiré entre sus piernas, revuelta, enloquecida, embebida por todos los demonios, bruta, procaz como las palabras mal pronunciadas. Seré libre de todo margen de error, seré bienvenida a las fauces de los dragones borrachos de sangre. Y seré roja, morada, bordó, coagulada, carmesí. Seré la Condesa que llegó para no ser olvidada. Seré la hembra que tomó por sorpresa el harem. Seré la Eva asesina. Seré la puta más hermosa de todas las lesbianas.

PIETRO SALEMME

2002

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